11 POEMAS EN LA VOZ DE ILARGI (LUNYTA)

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7 de mayo de 2009

DONDE ESTA EL CAMINO DE LA VIDA

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VIDEO - JUAN PARDO - ABRAZADITO A LA LUNA

Estaba a medio camino de la cima de la montaña, me senté en una roca, cerré los ojos, y contemplé frente a frente a mi corazón, este también me miró y ambos guardamos silencio.

Hacia tanto tiempo que no hablábamos, que ni uno ni otro sabia que decir, en algún momento se rompería el silencio, pero ninguno era capaz de dar el primer paso.

Al fin, fue mi corazón quien se decidió a hablar y me pregunto:

- ¿A que le tienes miedo?

Yo me turbé con la pregunta y sentí lastima de aquel corazón maltrecho, que latía muy débilmente y respondí:

- Le temo a no ser nadie, a no hacer nada, a desperdiciar mi vida.
- Pero eso es exactamente lo que estas haciendo, estas desperdiciando tu vida.
- No, me estoy encontrando a mi misma, necesito estar preparada antes de dar un paso en falso.
- ¿Hasta cuando te van acompañar tus miedos?

Yo bajé la vista apenada y no dije más. Después de un largo silencio mi corazón volvió a preguntarme:

-¿A que le tienes miedo?

Fijé mis ojos en aquel corazón que parecía tan olvidado, tratando de convencerme que en realidad era el mío, le vi tan solo y triste, que quise hacer un poco mas por él, y sintiendo que me quitaba un gran peso de encima le dije:

-Tengo miedo de saber que puedo hacer cosas, tengo miedo de saber que puedo triunfar en la vida y ser reconocida por las demás personas, miedo de no cumplir con mi deber, de no llegar a mi meta, miedo de dañar a las personas que quiero, tengo miedo de todo…. Ya no quiero nada, deseo descansar tranquila, sólo deseo paz interior, por eso me convertí en una ermitaña solitaria.

Comencé a sollozar y en ese momento sentí, por primera vez en mucho tiempo, a mi corazón latir nuevamente, dentro de mí sentía un poco de calor y alivio en cada latido.

-Dame un sueño. Le suplique.-He perdido mis ilusiones y no sé por donde ir, ni que camino tomar.

-Los corazones no damos sueños, solo creemos en ellos, nos entregamos y luchamos para conseguirlos, damos avisos de los peligros y también vuelcos cuando fracasamos. Para eso somos corazones, pero tú eres una mujer y debes tener sueños, porque una mujer sin sueños no es mas que una muñeca de trapo.
Y una mujer sin sueños no necesita corazón, por eso te abandono y no regresare a ti hasta que encuentres tu camino en esta vida, mientras tanto, no me necesitas

Mi corazón regresó al sitio donde lo encontré. Nos miramos frente a frente otra vez, pensé en marcharme, pero no me moví.

-¿Que debo hacer?. Le pregunté.

-No me preguntes a mí, solo soy un corazón, pero si quieres ver mas claro, vuelve a la base de la montaña y si buscas sinceramente, encontraras el arroyo de la verdad, lava ahí tus ojos y comprenderás mejor tu camino.

Dicho esto, mi corazón se marchó, me quedé confusa, pensando que tal vez me había jugado una broma.-no había arroyos en la base de la montaña- pensé-, siendo sincera, no sé que hago en este lugar.
Pero aun así, decidí descender a la base, no tenía otra alternativa y tal vez encontraría el camino de regreso a casa.

-No recuerdo como subí a esta maldita montaña.-Me dije a mí misma- y me fui pensando en todo lo que le había pasado ese día.

Busqué toda la tarde, y cuando el sol comenzaba a ocultarse, me rendí.

Estaba cansada y hambrienta, tenia frió y lejos de cualquier posibilidad de ayuda, además estaba buscando un arroyo que no existe, y todo por culpa de un corazón que no entendía lo que me pasaba, porque al fin y al cabo, era solo un corazón y pensándolo bien, estaba segura que no lo necesitaba, sólo me ha servido para darme problemas en esta vida.

-Hay demasiadas personas sin corazón, -me dije- ¡Puedo vivir sin él!

Decidí darme media vuelta dispuesta a marcharme y olvidar todo. Pero la noche me cayó encima, y me perdí en la oscuridad, no pude encontrar el camino de regreso a casa, busqué un refugio para pasar la noche, al fin me acomodé en unos arbustos, sin mas entretenimiento que mirar las estrellas y la luna, que por cierto esa noche tenía un brillo especial, me puse a contemplarlas y mis pensamientos volaron hacia el día de mañana.

-Será igual que todos los días, -me dije- ¡Un corazón no puede hacer la diferencia!

Pensando así, me quedé dormida hasta el día siguiente. Esa noche tuve un sueño muy agradable, un sueño que me hizo despertar sintiéndome inmensamente bien, y aunque no lo recuerdo, me hizo ver las cosas de una forma distinta.
Al levantarme, me vi en una parte de la montaña, completamente desconocida para mí, traté de orientarme, para volver al sendero por el que había bajado la tarde anterior, pero no pude encontrarlo.

El hecho de estar en una parte desconocida me asustó demasiado. Pero el observar la montaña desde otra perspectiva, me hacia verla completamente diferente al día anterior, la veía mas alta y hermosa. En realidad como siempre la había conocido.

El hermoso paisaje me hizo olvidar por un momento esa noche, y sentí ganas de quedarme ahí, disfrutar el lugar y dar un largo paseo como hace mucho tiempo que no lo hacia. Era un día perfecto, nadie me esperaba, nadie notaría mi ausencia, esa es la ventaja de ser una ermitaña solitaria.

Anduve la mayor parte de la mañana explorando la base de la montaña, disfrutando los colores que la naturaleza nos regala en las primeras horas del día, cuando de pronto, escuché un pequeño susurro a lo lejos, puse mas atención y me percaté que era el correr del agua. Avancé presurosa e incrédula hacia el lugar de donde venía el ruido y descubrí un arroyo puro y cristalino, un arroyo pequeño pero majestuoso, que parecía salir de las entrañas de la misma montaña, era un lugar precioso, un lugar que no había visto desde hacía mucho tiempo, el dulce aroma de las plantas y el agua, perfumaba todo el lugar, haciéndome sentir que este era el arroyo de la verdad del que me había hablado mi corazón.

Emocionada y sintiéndome apenada por no haber creído en él, corrí hasta la orilla y comencé a lavar mis ojos en esas aguas transparentes, en busca de la verdad, en busca de mi verdadero camino.

-¿Qué ha sucedido? ¿Dónde estoy?.

Estaba sentada en la roca, a medio camino de la cima. Miré mi reloj, eran las 7 de la tarde, no eran gotas de agua de aquél maravilloso río, lo que corría por mi cara, sino mis propias lágrimas. Había tenido un sueño, mi decepción fue total, seguía sin encontrar mi camino, no, no me refiero a ese camino que me llevaría a casa, sino, al camino que he de seguir en la vida.

Busqué por todas partes a mi corazón, no estábamos frente a frente, en ese momento me di cuenta que él, estaba dentro de mí, como ha estado todos los años de mi vida, ¿Maltrecho?... Sí, ¿Herido?... Sí.... pero sé que él es fuerte y no me abandonará fácilmente. Al fin y al cabo es el único que sabe de mis miedos.

- ¿A que le tienes miedo? Me vuelve a preguntar mi corazón.

Ilargi

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