Cuando tú no estás... no quiero besar otra vez el suelo. Que me importe o me deje de importar lo que suceda después de haber pasado una noche con el fuego encendido y los ojos brillantes, sintiendo el calor que provocan las palabras dichas con el corazón y la esperanza. No quiero sentir otra vez la escarcha de la mañana en la piel o el rocío infinitesimal sobre las hojas del rosal por eso. Sé que a veces no estás, y eso también me hace apreciar más cuando decides estarlo, o me buscas... Tampoco es cuestión de estar disponibles todas las horas del día. Sería algo incómodo estar siempre al alcance de la mano. Sé que necesitas tu tiempo y tu espacio. Ya hemos hablado alguna vez de respetar los ritmos ajenos. Y de no invadir territorios. Seguro que también se han despertado algunas cosas en ti y puede que te duelan aunque yo no esté en ellas. Son algunas de las cosas que me digo cuando tú no estás...
Sé que no puedo controlar las decisiones que los demás toman, ni las tuyas. No me pertenecen en propiedad tus sentimientos, y no puedo aferrarme como una lapa a ti, ni a nadie porque eso me desgasta y me deshace, y aunque a veces me duela tu ausencia, cuento con que me va a doler, tanto como me alegra cuando me haces sonreír con tu ternura y sentido del humor. Cuando alguien enciende mi ilusión y agrega llama a mi propia luz, me importa... No es que esté de vuelta, ya ves que estoy en viaje de ida, sólo trato de practicar lo que hemos ido aprendiendo, de los errores, y de algún acierto del pasado. Recordando los buenos momentos que pasamos irradiando entusiasmo, o dejándonos impregnar por él. También eso forma un cuerpo en la memoria y constituye nuestro bagaje. Son los buenos recuerdos que me animan, cuando tú no estás...
Alguien que me importa me duele cuando desaparece, cuando no sé del todo qué va buscando en mí. Creo que eso tampoco se sabe nunca del todo, porque se transforma, y va cambiando eso que se “busca”, y hasta es bueno que vaya mudando a su manera con el paso del tiempo. Tampoco podría decir exactamente qué busco en ti No quiero que seas la horma de mi zapato. Ni mi media naranja. Eso sí que lo sé. Vibrar en la misma longitud de onda podría ser una buena definición, casi física...
Yo también tengo algo de escurridiza que mira el horizonte. Y a veces soy yo la que se va, la que no quiere que la toquen la fibra, la que busca pretextos y huye por los tejados. Creo que nadie en el fondo desea entregarse plenamente, una parte siempre lucha por no hacerlo. Por creer que a veces la libertad no es un abrazo, sino algo que te ata y encadena. Y no te permite que te vayas...
Sé que no es nada personal en mi contra cuando tú no estás, que a veces no es ningún desaire, ni siquiera un rechazo, como siento. Por eso es tan importante no hacer suposiciones. Y por eso también espero, que me puedas contar tus motivos después del respiro...
Trato de respetar, y hacer algo a mi favor mientras tanto. Darnos la ocasión para que nos acerquemos y podamos contar la angustia de los miedos o nuestras esperanzas, si es todavía nuestro deseo más fresco y liviano. Sin ahogarnos con prisas y exigencias. Escuchando en silencio esa música que siempre me abre los poros...
Y sobre todo trato de crear la intimidad necesaria para que todo sea posible, y exista la calidez y la confianza de la que hemos ido hablado y en cierto sentido practicando. Parece fácil y sencillo pero no lo es.
Hanif Kureishi lo decía de este modo es su obra “Intimidad”. “Sé que el amor es un trabajo sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia no sucede nada interesante. Además debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan, si están demasiado lejos te abandonan. ¿Cómo mantenerlos en la situación adecuada?”







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